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Umberto Eco, un arquitecto sin regla ni escuadra

Umberto Eco, un arquitecto sin regla ni escuadra

Arq. Eduardo Funes C.

Las palabras sirven para poder construir grandes catedrales que se han edificado a través de este lenguaje: El Quijote de Cervantes, Cien Años de soledad de García Márquez, la Divina Comedia de Dante,etc; hay otras construcciones que aunque más pequeñas en extensión, son quizás tan ricas como las anteriores (verdaderos relicarios como la Sainte Chapelle): la biblioteca de Babel: Tiön, Uqbar, Orbis, Tertius: el Inmortal; la casa de Asterón: etc, todas ellas de Jorge Luis Borges.

Existían pocos creadores de espacios tan destacados como Umberto Eco, verdadero constructor de la palabra, arquitecto de mil espacios y sueños que, retrayéndose en un punto remoto de su conciencia (tal como la hacía su Péndulo colgado de la bóveda de la iglesia abacial de Saint Martin- des- Champs), nos hace habilitar las afrodisíacas casas de Umbanda y Candomblé o nos permite vivir en palacios de gemas junto con las blemias y los pigmeos que describían los viajeros medievales.

Arquitecto sin regla ni escuadra, tuvo la oportunidad de muy pocos (como un Le Corbusier o un Lúcio Costa) de construir ciudades enteras, como su propia ciudad natal, Alessandria y recorrerla de la mano de su Baudolino de Galiaudo de los Aulari.

Como arqui-tekton, llevaba en su labor la esencia misma de su nombre y, en su trabajo, el aspecto constructivo de su palabra; donde cada mensaje que salía de su boca, donde cada oración que edificaba con sus manos, y cada párrafo que creaba, se ordenaba a su natural labor poética.

Cumpliendo su perfil de gran arquitecto, también escribió y teorizó sobre su disciplina y en la sección C de su Estructura ausente juega con la arquitectura comparándola con el lenguaje y la traduce en los términos de códigos y signos.

a casi un año de su muerte, los que amamos su obra, aún lo buscamos escondido entre las páginas de sus libros, nos asomamos constantemente en ellas para seguir oyéndolo hablar y construir en nosotros mismos increíbles universos.

Ahora que no está ya presente, podríamos recordar las últimas palabras de su Adso de Melk como anuncio de despedida: “Hace frío en el scriptorium, me duele el pulgar. Dejo esto texto, no sé para quién, este texto, que ya no sé de que habla: stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemos”

 

 

 

 

 

 

 

 

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