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Paola Bárcena Couttolenc

Paola Bárcena Couttolenc

Llegué a este mundo con la palabra “resiliencia” tatuada en la frente… Así me lo hizo saber recientemente una querida amiga ecologista y escritora.

En medio de una estructura familiar que hoy en día todavía es poco común, nací en Puebla y soy hija de un cirujano gastroenterólogo y una pasante a ama de casa, que más bien se dedicaba a la pintura artística.

Tengo seis hermanos, a veces tres y a veces soy hija única; según sea el caso… La realidad es que son tres del primer matrimonio de mi papá y tres del primer matrimonio de mi mamá. En teoría soy media hermana de todos; pero cuando todos hemos pasado gran parte de la infancia o adolescencia viviendo en la misma casa, lo cierto es que las realidades se confunden y se moldean de acuerdo a la ocasión.

Estudié toda mi vida escolar en el Colegio Americano de Puebla; escenario que sirvió aún más para ampliar mis horizontes.

De entre todas mis aficiones juveniles destacó por mucho la equitación; deporte que practiqué de manera sumamente constante durante seis años.

Estudié Arquitectura en la Universidad Iberoamericana de Puebla. Durante ese trayecto, tuve la oportunidad de irme a estudiar un semestre de intercambio a la CDMX, mientras probaba las mieles y los tragos amargos de vivir sola en una Ciudad desconocida y con mil escenarios que descubrir.

Me casé con la persona que ha sido mi mejor amigo, mi cómplice y mi principal apoyo en todos los caminos que he decidido emprender.

Tan pronto terminé la licenciatura y con el impulso que siempre tuve de querer tener siempre proyectos personales de trabajo y de vida, empecé a trabajar como arquitecta independiente.

Todavía me acuerdo el semblante inquieto de mis papás cuando decidí estudiar arquitectura sin tener ninguna plataforma familiar que me ayudara especialmente en el camino. Estaban verdaderamente inquietos porque no iba a tener ninguna ayuda en mi vida profesional. Por si fuera poco, soy mujer, y eso al parecer complicaba aún más las cosas… Años después me di cuenta que no podían estar más cerca de la verdad. Sin embargo, les demostré y me demostré, que con mi pasión y persistencia tenía a la mano las herramientas más poderosas para lograr lo que me propusiera.

Ejercí mi carrera diseñando y construyendo mis propios proyectos durante doce años. En ese periodo me dediqué simultáneamente, a la fabricación y venta de muebles y cocinas personalizadas, de acuerdo a las necesidades y preferencias de mis clientes.

Dentro de mi quehacer arquitectónico se encuentran principalmente casas particulares y tiendas de ropa de gran categoría.

Hoy la vida me ha premiado con el préstamo de una hija de 10 años y un hijo de 5 años. Los dos, ante mis ojos, seres excepcionales que me han enseñado todos y cada uno de los días a ser mejor persona.

Debido a las oportunidades laborales de mi esposo, al día de hoy contamos con nueve mudanzas dentro de cuatro distintas Ciudades de la República: Veracruz, Puebla, México y Guadalajara. Me da pánico tan sólo imaginarlo, pero en el fondo sé que aún no hemos terminado con el profundo ejercicio de adaptación que cada nuevo cambio requiere.

Estos cambios de Ciudad, aunque nada fáciles, me han dado la oportunidad de reinventarme constantemente. Hace cuatro años, tal vez cansada de luchar contra corriente y en la búsqueda de una nueva pasión que me pueda acompañar en mis cambios de vida, decidí poner en pausa mi labor arquitectónica para dedicarme a la fotografía.

A partir de ese momento y de manera permanente he estado en la búsqueda de nuevas oportunidades para aprender y practicar fotografía.

Desde el 2013 he participado en varios viajes fotográficos: CDMX, San Miguel de Allende, Nueva York, Chiapas, Cuba, Perú y Oaxaca. Los viajes fotográficos han sido un excelente escenario de desarrollo integral, donde se combinan y entrelazan factores profesionales, culturales, intelectuales, personales y vivenciales.

Porque la resiliencia no es una aptitud sino un proceso que se ejercita con la práctica; nací con la palabra “resiliencia” tatuada en la frente… No por gusto, sino por que ha sido necesario…

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