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ENTENDER, APRENDER Y ENSEÑAR ARQUITECTURA

ENTENDER, APRENDER Y ENSEÑAR ARQUITECTURA

Arq. Benjamín Campos

El como entendemos la arquitectura, como la aprendemos, así como la manera en que la transmitimos o enseñamos, es moldeado por experiencias y las diversas circunstancias que se conjugan a lo largo de la vida.

En cierta medida, independientemente de nuestra profesión o campo de actuación, todos estamos relacionados con la arquitectura; de alguna u otra manera estamos en contacto con ella y la sufrimos o disfrutamos como un elemento más de nuestras actividades cotidianas, muchas veces también la tenemos de manera indirecta como algo que vemos a la distancia, como un elemento de contemplación.

Dentro del mundo especializado de la arquitectura, esta se aborda también con dos consideraciones, la de entenderla como el manejo del espacio que genera una experiencia o desde el punto de vista meramente estético.

Entenderla como una experiencia tiene como primera intención integrarla dentro de la vida cotidiana del sitio y sus usuarios, buscando que las actividades y el espacio donde se realizan tengan una correlación y generen atmósferas; la segunda busca darle carácter por como se percibe desde una consideración estética, donde lo fundamental son las formas y materiales que la definen, esta última visión es frecuentemente más
mediática y seductora.

Personalmente creo más en la primera línea de trabajo, el elemento arquitectónico debe ser antes que nada funcional, pero que también integre la experiencia cotidiana del usuario y que tenga la flexibilidad suficiente para poder responder a las condiciones de transformación que su uso implique, a este respecto, Enrique Yáñez contaba en sus clases de teoría de la arquitectura una anécdota: decía que cuando se casó, era funcionalista a ultranza, así que decidió hacer una casa que respondiera fielmente a estos principios y a las necesidades que tanto su esposa y él tenían, así juntos empezaron a realizar un listados de necesidades y de pertenencias, consideraron la cantidad de cubiertos, utensilios para la cocina, la cantidad de calcetines, blusas, camisas etc; cada espacio respondería a cada elemento y actividad en su interior; la casa se construyó y funcionaba a la perfección, cada espacio estaba cumpliendo con lo planeado, pero una situación que nunca se había considerado sucedió, su suegra les regaló un perico y la casa colapsó. No existía espacio específico para el perico, si el perico estaba en la sala y esta quería ser usada, se tenían que llevar el perico al comedor, si después se tenía que usar el comedor, el perico se llevaba a la recámara y así sucesivamente. Después de esta anécdota entendí que el espacio debe ser flexible y que el arquitecto también. En paralelo a la universidad empecé a trabajar en Taller Cinco, con Isaac Broid, quién iniciaba su oficina. Ahí conocí también a Alfredo Hernandez, con ellos como tutores, trabajé varios años, años de mucho aprendizaje; entender que cada proyecto arquitectónico debe responder a un sitio y a un usuario especifico, que se debe desarrollar analizando hasta el último detalle, y que todo este trabajo debe ser realizado con pasión y mucha dedicación, lo aprendí ahí. En esos momentos era como estar en dos escuelas de manera simultánea. En la U.A.M. tomaba clases con Enrique Yañez, Rafael López Rangel, José Luis Benlliure, quien al mismo tiempo que daba la clase, iba explicando con croquis en el pizarrón (nadie se atrevía a borrarlos,eran espectaculares), Tere Ocejo (quien invitaba a sus cursos a Carlos Mijares y a Carlos González Lobo), Jorge Legorreta, Aníbal Figueroa, todos ellos grandes profesores; en la oficina de Isaac escuchaba a Enrique Norten, Alberto Kalach, Luis Vicente Flores, Humberto Ricalde, Agustín Landa, Mario Pani, Teodoro González de León, Abraham Zabludovsky, entre otros, que asistían a las reuniones del consejo editorial o a las del consejo de colaboración de la revista “Arquitectura”. Platicaban y discutían de temas diversos; de esta manera, tanto en la universidad como en la oficina aprendía de las historias y esta transmisión de conocimiento por medio de anécdotas, me ha marcado fuertemente. Algo en común que tenían estos dos escenarios: la experiencia; todos hablaban desde su particular manera de disfrutar la arquitectura, y este es otro punto fundamental, “disfrutar”, al hacerlo dejando evidente la emoción, se transmite más fuertemente una idea, así con todas estas experiencias disfrutaba la actividad arquitectónica en todos momento.

Ya con algunos conocimientos e historias que contar, incursioné en la enseñanza, me invitó Miquel Adriá a quien conocí a colaborando en algunos proyectos con Isaac Broid. Él daba clases en el ITESM campus ciudad de México, pasaba a su casa y nos íbamos juntos, compartiendo anécdotas y discutiendo proyectos, el camino era largo así que teníamos tiempo suficiente para hablar de temas diversos y para mí, seguir aprendiendo.

Continúo dando clases, ahora en Puebla, donde resido, tratando de transmitir experiencias e invitando a otros más jóvenes a disfrutar de la actividad y quehacer arquitectónicos, muchas veces por medio de anécdotas.

El entender la arquitectura lo sigo haciendo todos los días desde la actividad profesional en RC 6.7° GL, oficina que dirijo con Alejandra Rubio, en esta búsqueda nos dimos cuenta que es necesario vincularnos con nuestra comunidad y es así que fundamos Acción RUUR, una asociación civil en la que paralelamente realizamos actividades de apropiación del espacio público mediante participación comunitaria.

En cada momento seguimos intentando entender, buscando aprender y tratando de enseñar.

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