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Arquitectura, Vida y Vacío

Arquitectura, Vida y Vacío

Arq. Carlos Fernández Trillo

Hace poco tuve la oportunidad de presenciar la conferencia de alguien que hasta ese momento consideraba un desconocido y que ahora es uno de los colegas cuyo trabajo y forma de pensar más respeto…

Llegué casi por casualidad al auditorio, incentivado por algunos rumores de pasillo sobre una plática que daría “un arquitecto muy bueno y que por fin se encontraba en la Ibero”, había que aprovechar. Debido a mi falta de puntualidad al evento las primeras imágenes proyectadas y los primeros juegos de palabras correspondían a una cara sin apelativo, un personaje cuya inteligencia emocional salpicaba de frescura y cuyo conocimiento y pasión sobre la arquitectura obligaban e insultaban a mi conocimiento por descifrar quién era aquel que se refería a nuestra profesión como algo tan natural, tan íntimo y tan “simple”, como se me había olvidado que tiene que ser en realidad.

Miguel Montor es un arquitecto un poco mayor que yo, pero cuya forma de hablar y principalmente su forma de pensar podría dar paso a imaginarse como alguien mayor, alguien que ha tenido la oportunidad de recorrer un camino más largo y que ahora tiene la libertad de ver el mundo y la arquitectura en forma más simple. Esa forma ajena de ver las cosas tan complejas y al mismo tiempo tan simples que hasta se antojaría esa concepción de vida.

Habló de muchos temas durante su plática pero hubo un punto que robó toda mi atención y desató mi imaginación… EL VACÍO.

Su discurso trata de que la mayoría de sus obras como profesionista están basadas en el conocimiento de los materiales, en su entendimiento y principalmente en respetarlos para lograr su máxima optimización. Comentaba que la mayoría de las personas al tratar el tema de una construcción siempre nos enfocamos al espacio físico, a lo que “ocupa” el terreno y provee de “espacio”, pero qué pasa con los VACÍOS, casi nadie piensa en esos puntos de pausa, de transición… esos elementos donde el aire, la luz y sombra, los materiales se convierten en el “cuerpo” de un edificio inexistente pero que al mismo tiempo le proporcionan al usuario un recinto.

Existen varios ejemplos de VACIOS en la arquitectura: plazas, patios, pasillos, etc. Espacios sin construir pero que sirven como conexiones, pausas, transición, le otorgan de ritmo y consecución a una obra. Son casi obligatorios para cambios de escala, de uso o simplemente como zonas de respiro.

Cuando comencé a pensar sobre el tema para mi siguiente colaboración en esta revista lo primero que me llegó a la mente como arquitecto fue aquella charla sobre el vacío, y a los pocos segundos, los tabiques, pavimentos y recubrimientos fueron desvaneciéndose y mi mente se llenó de pensamientos sobre cómo en la actualidad no solo a los arquitectos nos da miedo pensar en el espacio vacío… creo que es un mal que nos afecta a casi todos, ya no sabemos tener huecos en nuestras vidas.

Pareciera como si estuviéramos casi obligados a llenar cada segundo de nuestro día a día con una foto, selfie, like, share, meme, etc. Al igual que sucede con muchas construcciones atiborradas de materiales, geometrías caprichosas, elementos sobrados… tan llenos de nada. Hay muy pocas personas que gozan de la gran ventaja de darse espacio, de saber respirar, enfocarse simplemente en un sentimiento, practicar yoga, vivir de a poco y más que nada con pausas.

Será este uno de los temas por los que cada vez les cuesta más trabajo a muchas personas el sentir? El ilusionarse? Estarán tan llenos de todo que les hace falta un vacío para poder volver a “llenarse”?… Tal vez habrá que construir y vivir con más aire .

Acabo de darme cuenta que estoy divagando entre dos temas que parecen diferentes, pero qué sería de la arquitectura sin pensarla como vida?

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