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¿Repensar cómo entendemos la Planeación Urbana?

¿Repensar cómo entendemos la Planeación Urbana?

Arq. Emma R. Morales

Una de las frases más comunes que se escuchan en pláticas de café relacionadas con congestión vial, servicios públicos deficientes, falta de áreas verdes, transporte público o infraestructura, es que “falta planeación”, como si la planeación urbana fuera un proceso “externo” en donde de manera abstracta, el estado mueve todas las piezas que conforman las ciudades y resuelve todos los problemas que se presentan. En principio, los modelos de planeación urbana más sólidos, que en varios países tienen más de 100 años, están basados en el reconocimiento de los derechos de los individuos en el marco de los derechos colectivos de todos los que habitamos la ciudad. Esto ha permitido una maduración de las leyes, instrumentos, políticas y procesos, y ha tenido como consecuencia mayor capacidad técnica, presupuestal y operativa por parte de los gobiernos locales y regionales, así como mayor participación ciudadana en la toma de decisiones y en el seguimiento del cumplimiento de los planes y programas.

La planeación urbana en México de manera institucional es todavía muy joven. Apenas cuenta con poco más de 40 años.

En este corto periodo, las políticas de planeación y las instituciones han sufrido importantes transformaciones para empatar con las visiones de cada periodo presidencial. Si bien la planeación urbana en México fue arropada por expertos que ayudaron a diseñar instituciones, legislación e instrumentos bastante sólidos, su implementación ha resultado mucho más complicada de lo que se esperaba.

Lograr los objetivos de planeación han sido afectados por la falta de recursos, voluntad política, conocimiento técnico y falta de continuidad. Por otro lado, una constante de los retos de la planeación urbana en países de América Latina es que existen importantes limitaciones económicas tanto del estado como de la población que vuelven más complicado implementar un modelo basado en regulación y ordenamiento.

Debido a las limitaciones que se presentan, a lo mejor es el momento de repensar la planeación urbana, tomando como base los principales retos de las pequeñas localidades, las principales carencias técnicas y presupuestales, y las relaciones entre todos los niveles de gobierno con la población. Ascher (2004) plantea que deberíamos pasar de pensar en la planeación urbana y comenzar a pensar en la gestión estratégica urbana. Este cambio de visión reconoce varias situaciones, por un lado partir de la idea de que vivimos en un contexto incierto en donde va a haber limitaciones, por lo tanto será importante dar prioridad a los objetivos frente a las estrategias, medios y procesos. Esta visión de la planeación basada en resultados requiere de una visión flexible, adaptable y abierta en contraste con la sobrerregulación que existe hoy en día. El problema de la sobrerregulación es que imposibilita el cumplimiento de la norma y promueve la corrupción. Por lo tanto, lo que se debe buscar es entender la planeación urbana como un proceso compartido, integral, en donde tanto el ciudadano como la autoridad conoce cuál es el modelo deseado y aporta soluciones para lograrlo.

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