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Ciudad sin alma

Ciudad sin alma

Arq. Amparo Gutiérrez de Quevedo

Todos tenemos derecho a la vivienda y a vivir de una manera digna, yo creo que no es un tema cuestionable, aunque sí de análisis; pero también creo que es indispensable vivir cerca de un entorno natural además del construido, así lo sostuvieron los creadores del concepto ciudad jardín hace algunos años; sin embargo, para muchas ciudades sigue siendo solo un concepto, más no una realidad. El tema de fondo es que las ciudades han crecido a tales dimensiones que a veces para llegar a un área verde habría de desplazarse mucho y esto requiere de dinero y tiempo; con lo cual, no siempre contamos todos. Pero a mí me gustaría hacer un paréntesis sobre el territorio olvidado, en este país tenemos cinturones de miseria y poblaciones tan alejadas, tan marginadas, tan áridas, tan pobres, con tanta tragedia y desolación, como la que menciona Juan Rulfo, a propósito de su centenario en su famosa novela Pedro Páramo sobre el pueblo de Jalisco llamado Comala, -que casi no tienen nada y lo poco que tienen crea conflicto e insatisfacción. Y es real, dichas estructuras urbanas en términos espaciales y sociales, desorientan y crean caos. Así, de cierta manera, nos hemos visto obligados a ver o a ser más agresivos y más duros. Debe haber elementos para recomponer el tejido y que hagan más amable la vida.  No se nos puede olvidar nuestro origen, todos somos parte de lo mismo y es un circulo en donde tarde o temprano nos afectará.  

Necesitamos suavizar las ciudades, las estrategias podrían ser en muchos sentidos, pero creo que contar con espacios en la medida de lo posible, realmente verdes, con lugares para correr, caminar, andar en bici, divertirse, convivir, rezar y darse unos minutos para poder tomar un respiro tanto en lo emocional como en lo biológico; podría marcar la diferencia.

Si el tema lo lleváramos a una dinámica mayor podríamos  tener camellones, rotondas, márgenes de ríos y cualquier cantidad de espacios residuales llamados tierras de nadie, que hay en la ciudad, como puntos revitalizadores y  tendríamos otra imagen de la ciudad; la cual, nos llevaría a tener ciudades con mayor conciencia, de mayor calidad ambiental, de menor delincuencia así como poderlo visualizar en términos del patrimonio natural, como herencia para generaciones futuras; es decir no solo pensar en el patrimonio económico que les dejemos a nuestros hijos bastará, tenemos que ir más allá y pensar que el tema es de todos, tanto de autoridades con programas puntuales así como de los que habitamos la ciudad y que paulatinamente al ir insertando un metro cuadrado verde en nuestro fraccionamiento y otro en la esquina del semáforo y así sucesivamente, la diferencia sería francamente abismal. La decisión la tenemos todos.

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