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Espacio Público libre de miedo

Espacio Público libre de miedo

Arq. Emma R. Morales

Hace unos días tuve oportunidad de recorrer algunas de las calles más transitadas de Londres y cercanas a los destinos turísticos más representativos. Contrario a lo que esperaba, me topé con que no había controles de acceso, revisión de bolsos, arcos para detectar metales, o presencia policiaca extraordinaria y nula presencia militar. Si bien, eso no significa que en la práctica exista mucho mayor vigilancia, personal especializado atento a cualquier situación o protocolos activados, el mensaje a la población es sencillo “business as usual”, en otras palabras, no debemos dejar que el miedo nos robe la posibilidad de seguir con nuestras vidas. Los espacios públicos en un verano particularmente soleado permanecen abiertos y siguen en pie festivales, conciertos y actividades al aire libre que son para el disfrute de todos.

Esta experiencia me ha hecho pensar mucho en el espacio público que permite que el miedo lo afecte, lo mutile, lo degrade y finalmente lo convierta inaccesible.

El miedo en ciudades como Puebla nos ha ido quitando parques, jardines, glorietas, camellones, etc. Basta con que exista una historia de un asalto, violación u otro tipo de actividades delictivas, para que se justifique por un lado la presencia policiaca, pero por otro, la necesidad de bardear, privatizar o cerrar los espacios. Hemos dejado que el miedo gane y que mate poco a poco los espacios de todos. Cada vez que hay un asalto en algún punto de la ciudad, al otro día vemos a un policía parado todo el día “cuidando” el lugar, pero sin contar con el equipo, tecnología o capacidad de respuesta requerido para atender una verdadera emergencia. El resultado es evidente, los espacios públicos se van estigmatizando y con algunas excepciones, los visitantes los van abandonando, hasta que pierden su sentido. La política pública de regeneración de espacios públicos parte de la premisa de que los espacios recuperarán su esplendor con base en la modernización de su mobiliario, dotación de espacios deportivos e iluminación, pero con frecuencia, al paso del tiempo regresan a su estado original, dado que las estrategias no parten de que la población recuperare la confianza, sino en perder el miedo.

Los espacios públicos con miedo, no cumplen su función social, debido a que quienes los utilizan mantienen un estado de ansiedad y angustia, por otro lado, aquellos que tienen los medios para moverse a “espacios seguros” de acceso controlado, sin importar el costo, se van desplazando. Este desplazamiento y falta de diversidad e inclusión, se convierte en un segundo motor para el deterioro, ya que los ciudadanos que tienen acceso a los mismos, sienten que tienen que utilizarlos por falta de recursos para acceder a mejores espacios. El miedo se ha ido apoderando nuestras calles, parques, plazas y jardines. Las estrategias para garantizar la seguridad han sido tan ineficientes que se ha perdido la confianza en que puedan mejorar. La pregunta que queda en el aire es ¿Qué podemos hacer desde el diseño urbano, paisajismo, política pública para recuperar los espacios que nos robó el miedo? ¿o es demasiado tarde?

 

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