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La casa de mis sueños

La casa de mis sueños

Arq. Valeria Gómez de Alvear F.

Recuerdo perfecto la primera vez que la vi: fue durante una clase en los primeros semestres en la Universidad; la clase era de Historia de la Arquitectura, estábamos estudiando a varios arquitectos estadounidenses y su influencia en la arquitectura. Y recuerdo cómo me sorprendió, me maravilló y me fascinó ver una casa en medio de la naturaleza, literal en una cascada… completamente integrada a su entorno de una manera tan mágica y tan real al mismo tiempo. Increíble.

La casa de mis sueños está ubicada o más bien ‘asentada’, en una roca sobre una cascada natural del Arroyo del Oso (Bear Run), que desemboca en el río Youghiogheny, en el Condado Fayette, en Pensilvania, Estados Unidos. 

‘En un hermoso bosque se alzaba junto a una cascada una plataforma sólida y alta de roca, y parecía que lo natural era construir la casa encima, en forma de voladizo, sobre la caída de agua’, decía Frank Lloyd Wright, el arquitecto que la diseñó.

Tardó nueve meses entre su primera visita el primer trazo del plano de la casa. Sin dibujar línea alguna en ese tiempo, él pensaba: ‘Concibe el edificio en la imaginación, no en papel… Déjalo vivir allí, tomando forma definitiva gradualmente…’. Al dueño, el Sr. Kaufmann, le encantaba ese lugar por el sonido del agua y eso se convirtió el principal motivo del diseño. Puedes llegar a oír la cascada al observar el diseño de la casa.

Fue construida entre 1935 y 1937, siguiendo los principios de la ‘Arquitectura Orgánica’: integrar en una unidad los factores ambientales del lugar, uso y función, materiales nativos, el proceso de construcción y el cliente. Y Frank Lloyd Wright lo logra profundamente: con materiales naturales del lugar, con el uso de sólo dos colores: un ocre claro y un rojo cherokee, con amplias terrazas en voladizo para disfrutar el paisaje que la rodea, con el sonido del agua en cada rincón y en cada espacio.

La Familia Kaufmann disfrutó la Casa de la Cascada durante 24 años, desde 1939 hasta 1963, año en que la vendieron a la Western Pennsylvania Conservancy. Se volvió la residencia privada más famosa del siglo XX, y su construcción terminó volviendo su entorno natural en un lugar protegido. A partir de 1964 se convierte en una Casa Museo que ha recibido más de 4,5 millones de visitas. En 1991, los miembros del Instituto Americano de Arquitectos (AIA) votaron por ella como ‘el mejor trabajo de todos los tiempos realizado por un arquitecto americano’. Y en 1996 fue declarada Hito Histórico Nacional.

Hoy en día, 80 años después de su construcción, sigue siendo la casa de mis sueños: por la íntima relación que tiene con la naturaleza que la rodea, por su perfecta integración y armonía al entorno, por su composición espacial; pero sobre todo porque, como decía Frank: ‘Ninguna casa debería estar nunca sobre una colina ni sobre nada. Debería ser de la colina. Perteneciente a ella. Colina y casa deberían vivir juntas, cada una feliz de la otra’. Así tal cual me imaginaría yo viviendo en ella: cada una feliz de la otra.

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