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Creatividad compartida

Creatividad compartida

Arq. Benjamín Campos

Mi primer contacto con la obra de RCR fue hace 23 años, cuando conocí la casa Margarida en una publicación, pero fue hasta seis años más tarde, al conocer: el pabellón del Baño, el pabellón de acceso a la Fageda d’ en Jordá, los espacios para el ocio y la cultura de Riudaura y la Facultad de ciencias jurídicas de Girona, que encontré una fuerte atracción por su trabajo. Ver la sencillez con que manejaban la forma y la potencia que le proporcionaban a la misma, con una presencia escultórica que armonizaba y destacaba en el paisaje, fue fundamental.

He seguido desde entonces muy de cerca su trayectoria, sintiendo una gran afinidad por la manera en que abordan los proyectos, cosa que me ha llevado a utilizar material  basado en su trabajo para acompañar temas de las clases que imparto. Al darse a conocer este año que el Pritzker es otorgado a ellos, no deja más que causarme alegría este reconocimiento, a una labor de años de oficio y pasión por la arquitectura.

Hablar de RCR es hablar  de una arquitectura que se vive entendida como un compromiso y como el medio de dar respuesta a necesidades específicas a través de elementos diseñados bajo un proceso cuidadoso, rigurosamente analítico, metódico, y sin importar la escala, dedican tanta atención a un proyecto pequeño como uno grande. Para ellos el lugar merece especial atención, no para mimetizarse, si no, para integrarse con él, una arquitectura que crea experiencias, que seduce, que invita a la reflexión.

Rafael Aranda, Carmé Piagem y Ramón Vilalta, definen su trabajo como resultado de una “Creatividad compartida”, paradójicamente esta creatividad al materializarse, es compartida con el usuario, con el espectador que disfruta y goza de estos espacios, espacios que son reflejo de la dedicación, oficio y esmero con que fueron concebidos y creados.

A continuación se presenta un viaje a través de la arquitectura de RCR, una conjugación de imágenes y texto que muestran mi particular visión de algunos de sus proyectos.

En Barcelona, la primera escala de este viaje, al ir caminando por la calle del conde Borrell en el barrio de Sant Antoni, es gratificante encontrarse con un vacío, un vacío que atrae, por el contraste, por los reflejos, por el jardín al fondo. Un espacio sencillo que rescata la idea original de Cerdá, tener espacio público al centro de la manzana. Un edificio neutro, elegante, con mucha luz en sus amplios espacios interiores, totalmente acorde a su uso, Biblioteca y hogar de jubilados. Aquí se empieza a percibir el dominio en el uso de los materiales, en gran medida con acabados aparentes, que conjugados con vegetación, ofrecen atmósferas que invitan a quedarse en los espacios, a usarlos, a disfrutarlos.

  

     

En la segunda etapa del viaje en dirección a Olot en Girona, el paisaje se torna verde, predomina el entorno natural, los bosques, las terrazas de cultivo, la piedra volcánica y la presencia del rio Fluviá. Inmersos en este escenario visitamos varios proyectos, el primero el Parc de Pedra Tosca, en Les Preses, enfatizando el trabajo del hombre sobre el paisaje, fundiendo los materiales (placas de acero oxidadas con piedra del sitio) y la vegetación con los recorridos y la propuesta arquitectónica.

Ya en Olot el estadio de atletismo de Tussols – Basil, un espacio abierto, con elementos arquitectónicos muy sutiles y discretos que complementan el paisaje y que conforman la antítesis de un estadio convencional, un espacio que se integra, realza y se nutre del entorno natural. Mención especial merece el edificio de servicios, que aunque es de tamaño considerable se encaja en el terreno absorbiendo el desnivel y armonizando con el paisaje.

Proyecto anterior al estadio, es el pabellón del baño, también en Tussols – Basil, un elemento que recuerda a Mies van der Rohe, pero con un toque propio, una curva muy sutil, que aporta una sensación de movimiento y que permite el diáalogo con el ríio Fluviá, al que acompaña. Dos planos horizontales contienen los servicios, todos en materiales de acabado aparente, aceros y concreto.

De los espacios públicos, pasamos a los espacios privados, pero no por ello dejar de lado la misma filosofía, compartir. Los dos primeros en Olot, el Restaurante Les Cols y su carpa para eventos.

El restaurante es una intervención en una casa antigua. Elementos sencillos, principalmente en acero, articulan el interior y se prolongan hacia el exterior para mostrar los accesos a la casa.

El espacio es fluido y continuo, incluso en la cocina. El salón principal es el único en el que se trabaja el acero con un toque de color, que al iluminarse da a la habitación un toque ambarino que se vuelve en el acento de todo el conjunto.

La carpa para eventos, evoca el entorno geológico de Olot, un territorio de volcanes, como si se ingresara al cráter de uno de ellos, se trabajó el terreno para lograr un ambiente íntimo en relación con el entorno, pero totalmente abierto y libre en su interior, los servicios se alojan detrás de un talud de piedra y los diferentes espacios de la carpa así como su cubierta y el mobiliario se trabajan con materiales transparentes, lo que permite tener una lectura continua de todo el espacio, pero logrando generar ambientes más pequeños, nuevamente la vegetación penetra y se integra con el espacio.

Aún en Girona, pero ahora en Besalú, está la estancia infantil “El petit compte”, que al ser un espacio destinado para niños es de las pocas obras de RCR que integran una vistosa gama cromática en el cuerpo principal, que está conformado por un prisma cuadrangular compuesto por dos sistemas rectangulares de tubos coloridos, uno relativamente denso hacia el exterior a manera de fachadas y otro hacia el interior que conforman un pórtico de aperturas variables que delimitan el patio.

Como he mencionado anteriormente, una constante fundamental en el trabajo de Aranda, Piegém y Vilalta, es el manejo de los materiales aparentes, acero, concreto, cristal, arenas y gravas, que aunados con la vegetación y agua nos brindan las atmosferas características de sus espacios, atmosferas minimalistas, que se enriquecen y nutren con la actividad de los usuarios.

El trabajo de RCR, logra dar identidad a las comunidades a las que atiende, se integra con el entorno natural, rural y urbano, según sea el caso y mantiene una escala humana, resolviendo con ello una serie de  problemas que se han presentado últimamente en la arquitectura¹. En buena medida esto debe ser parte del porque han recibido el Pritzker, con un trabajo sencillo, sin grandes aspavientos, ofrecen su “Creatividad compartida”.

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