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EL ESPACIO, LA MATERIALIDAD TAMBIÉN ES SUBJETIVA.

EL ESPACIO, LA MATERIALIDAD TAMBIÉN ES SUBJETIVA.

Arq. Benjamín Campos

Cuando se presenta una situación de diseño arquitectónico, desde cualquier ámbito por el que se vaya a abordar, lo más común es empezar a imaginar elementos que lo confinan, que lo ordenan que le dan materialidad. Frecuentemente se dan las discusiones por los materiales que se deben utilizar, las dimensiones que debe tener, la durabilidad, contemporaneidad, que si es de vanguardia o de que implicaciones tecnológicas puede incluir; esto es muy importante pero debe ir de la mano de algo que debiera ser lo fundamental, como definir el ambiente que vamos a diseñar, es decir…

establecer las preguntas adecuadas para dar identidad a ese espacio, que atmósfera será la ideal para lo que se está solicitando, parámetros y variables que en gran medida son abstractas, pero que a través de los elementos que utilicemos podemos concretizar.

Al hablar de tranquilidad, alegría, serenidad, euforia, nostalgia, amplitud, luminosidad y tantas otras sensaciones, no podemos dejar de lado la subjetividad de su interpretación, aunque, hay elementos que comúnmente son vistos de manera semejante por la mayoría de las personas y es así cómo podemos expresar mediante su manejo dichas sensaciones.

Al tratar de hablar de los conceptos anteriores no puedo dejar de pensar en una conferencia a la que asistí hace algún tiempo y que me quedó muy grabada, por la manera tan sencilla de mostrar con tanta claridad dichos conceptos; Dani Freixes, arquitecto catalán, inició contando sus orígenes como integrante de una familia de titiriteros, de cómo el manejo de la luz, las sombras, los reflejos y la secuencia de planos para esta actividad habían marcado su percepción del espacio y por lo tanto la manera en que pueden ser manejados para lograr transmitir emociones, sensaciones y atmósferas.

El primer proyecto que mostró fue un pequeño bar en Barcelona,  “El 33”, este diminuto espacio lograba cambiar la sensación de la altura al incluir un plafón de espejo, jugaba también con dos elementos de neón como C´s invertidas que al reflejarse formaban el número 33, dando continuidad al espacio.

Posteriormente presentó el bar ZSA ZSA, en él volvía a trabajar con los reflejos, pero ahora utilizaba la luz y la transparencia para jugar con la percepción del espacio y con los ambientes, logrando efectos de multiplicación, utilizando cristal y paneles traslúcidos de abedul.

Al concluir cada proyecto hablaba de lo que no habían podido lograr y al iniciar el siguiente de cómo habían logrado mejorar ciertas situaciones basados en la experiencia anterior.

Se dejaba de manifiesto una  maestría y oficio para transformar los materiales, la dureza y frialdad del cristal podía transformarse en sensaciones de suavidad y calidez al proporcionarle la iluminación adecuada y colocar frente a él, el material en la posición precisa que le permita reflejar y al mismo tiempo adquirir una textura que no tiene.

Por la manera tan didáctica de mostrar los conceptos y de cómo la experimentación permite evolucionar en el manejo de elementos para transformar el espacio y crear con él atmosferas tan diversas, has sido sin duda una de las pláticas que más enriquecedoras de las que he asistido, dejando muy claro que la materialidad puede volverse subjetiva dependiendo de la habilidad para combinar adecuadamente una serie de elementos.

 

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